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Para
que la sangre pueda cumplir su misión de transportar nutrientes,
sustancias de desecho, hormonas, anticuerpos y gases respiratorios,
se dispone de un sistema de conductos constituido por los vasos
sanguíneos.
Se
conocen tres clases principales de vasos sanguíneos: arterias,
vasos capilares y venas.
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Arterias.
Son vasos de gran diámetro, de modo que oponen escasa resistencia
al flujo de la sangre. Su función es sacar
la sangre del
corazón y llevarla, a gran presión, hasta todos los órganos
del cuerpo. La enorme presión que deben soportar sus paredes
explica que estas sean gruesas y resistentes. En ellas encontramos
tejido muscular, tejido conjuntivo, nervios y capilares como
en cualquier órgano, pero lo más relevante es la presencia de
fibras elásticas.
La
elasticidad de las paredes arteriales permite que éstas cedan
a la presión que la sangre ejerce durante la sístole,
de modo que la presión es menor de lo que sería si las
arterias fueran rígidas. Además permite que las paredes arteriales
regresen a su posición durante la diástole,
lo que le da un impulso a la sangre durante esta fase del ciclo
cardíaco.
De lo anterior se desprende lo grave que es que las arterias
pierdan su elasticidad, como ocurre en la arterioesclerosis,
causada por el depósito de grasas en sus paredes, muchas veces
provocado por una mala alimentación y otros malos hábitos, como
fumar.
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Arteriolas.
Son ramificaciones de las arterias, ubicadas en el interior
de los órganos, que se ramifican, a su vez, para formar los
capilares. Así como en las arterias lo más importante es la
elasticidad, en las arteriolas lo es la capacidad de sus paredes
musculares para contraerse o relajarse según las necesidades
de cada órgano y del cuerpo como totalidad. La vasocontricción
consiste en una disminución del diámetro de las arteriolas,
debida a la contracción de sus paredes. Por el contrario, la
vasodilatación
es el aumento del diámetro de las arteriolas, como consecuencia
de la relajación de su musculatura. Si en un órgano ocurre vasocontricción,
llegará menos sangre a sus capilares, mientras que si ocurre
vasodilatación, llegará más.
Uno
de los factores que influyen sobre la presión arterial es la
resistencia
periférica,
vale decir, la resistencia que los vasos pequeños oponen al
flujo de sangre. Esta aumenta si hay vasocontricción generalizada,
y disminuye si hay vasodilatación generalizada. De hecho, algunos
fármacoas contra la hipertensión arterial funcionan provocando
este fenómeno. Así tenemos que las arteriolas no solo modifican
su diámetro según las necesidades locales, sino, además, según
las necesidades del cuerpo como totalidad. Otra manifestación
de esto es la vasodilatación que se experimenta cuando
el cuerpo necesita eliminar calor, y la vasocontricción en la
misma, cuando se necesita conservarlo.
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Capilares.
Son vasos pequeños numerosos, ubicados en el interior de los
tejidos. Lo más destacable de ellos es que sus paredes están
hechas nada más que de una capa de endotelio, lo que los hace
extraordinariamente delgadas, para permitir el intercambio de
sustancias entre la sangre y el líquido que rodea a las células. Cada
capilar mide aproximadamente 0,01 mm de diámetro. En ocasiones
son más estrechos que el tamaño de los glóbulos rojos.
Básicamente
existen dos tipos de capilares: los capilares continuos y los
capilares fenestrados.
Los
capilares continuos son los más abundantes del cuerpo. Se encuentran
próximos al tejido muscular, al adiposo y también en los pulmones
y el sistema nervioso central. Se caracterizan por no tener
casi espacios entre las células que los forman; de ahí su nombre
de vaso continuo. solo se distinguen unos pequeños poros intercelulares.
Los
capilares fenetrados, en cambio, poseen grandes poros entre
sus células. Estos son unas veinte veces más grandes que los
capilares continuos. Se encuentran en las vellosidades del intestino
delgado y en ciertas glándulas endocrinas, pero es en el riñón
donde son más importantes porque participan activamente
en la formación de la orina.
Los
vasos capilares forman redes complejas que facilitan el intercambio
de sustancias con las células. El tamaño de estas redes es tan
grande que si los 10.000 millones de capilares que existen en
el cuerpo se pusieran en línea, alcazarían una extensión de
96.500 kilómetros, aproximadamente 22 veces la longitud de Chile.
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Vénulas.
Al pasar por el interior de los capilares, la sangre pierde
todo el impulso con que venía desde el corazón. Las vénulas
tienen la misión de hacer salir la sangre de los órganos hasta
una vena.
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Venas.
Se encargan de llevar la sangre de vuelta al corazón. Aunque
estos órganos carecen de una musculatura capaz de contraerse
como para impulsar la sangre, el retorno
venoso
ocurre de todos modos, incluso donde la sangre ha de devolverse
venciendo la fuerza de gravedad, como es el caso de las piernas,
debido a que la contracción del músculo esquelético comprime
las venas y mueve la sangre que se halla en su interior. Ahora
bien, este movimiento podría ser, en las piernas por ejemplo,
tanto hacia arriba como hacia abajo, pero las venas tienen
válvulas
que impiden el flujo de sangre en una dirección opuesta a la
que va hacia el corazón. Por otra parte durante la inspiración,
la presión abdominal aumenta y comprime las venas; y la intratorácica
disminuye; con lo que se crea una diferencia de presiones favorables
al retorno venoso.
En
las personas que pasan mucho tiempo de pie se produce la acumulación
de sangre en las venas. Cuando es muy frecuente, puede ocasionar
dilatación de las venas, daño en las válvulas y el transtorno
llamado várices
o venas varicosas.
Las
venas son las encargadas de transportar la sangre devuelta al
corazón. Por ellas circula aproximadamente un 64% de la sangre
sistémica.
En un adulto las venas, con la sola excepción de
las pulmonares, transportan sangre pobre en oxígeno, o
sangre
desoxigenada.
Ver
también Sistemas
de transporte - La sangre - El
corazón - Aparatos circulatorios-
Coagulación- Transfusión
y grupos sanguíneos - Tipos
de circulación- imágenes
Autoevaluación
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